No se aprenda nunca un discurso de memoria
Un orador jamás debe aprender un discurso de memoria. Nunca debe hacerlo. ¿Por qué? ¿Qué tal, por ejemplo, que se le olvide el párrafo tres o el siete?
Entre aprender un discurso de memoria y leerlo, es mejor leerlo. Si lo lee con ganas, con pólvora en la voz y manteniendo el contacto visual con su auditorio, saldrá adelante de manera digna.
Cuando una persona habla de memoria, no parece un ser humano. Parece un robot. Deja ver que está hablando de memoria.